De acuerdo a la explicación de la entomóloga Helga Blanco, con base a los estudios científicos sobre la proliferación de la mosca Stomoxys calcitrans, la responsabilidad por el fenómeno recae tanto en el sector lechero como en el piñero.

Blanco, quien es doctora de la Universidad de Edimburgo, Escocia, recordó que esta mosca habita en Costa Rica desde siglos anteriores y que sus efectos se sienten a nivel mundial. Apuntó, además, que hace 5 años se detectó un incremento más notorio de las poblaciones de esta especie en Costa Rica. “Se le comenzó a asociar con las producciones de piña, debido a que las plantaciones crecieron en número por todo lado, comenzaron a distribuirse ya no solamente en el sur, en Buenos Aires, sino también en Siquirres, la Zona Norte, Sarapiquí… ahora hasta en Guanacaste hay”, señaló.

Otro dato abordado es que el incremento en el área de siembra generó un aumento en la cantidad de desechos de la piña y ahí comenzó el problema. Si bien tanto el macho como la hembra de la especie se alimentan de la sangre  de mamíferos, detalló que la hembra requiere ese alimento para terminar de madurar su sistema reproductor y poner los huevos.

Luego de alimentarse requiere de un sustrato para poner los huevos, como el rastrojo de la piña. “Ahí es donde entran los piñeros en juego; con la expansión las moscas viajan entre el ganado vacuno y los sustratos de ovoposición. Siempre se da esa dinámica de movimiento”, explicó Blanco.

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Blanco relató cómo la Cooperativa Dos Pinos buscó su asesoría a raíz de fuertes problemas causados por la mosca. Inició así una serie de estudios que determinaron, entre otras cosas, que la llamada “barredera” (conjunto de residuos del proceso de ordeño que incluyen pasto, concentrado y orina) es un imán para la mosca.

“Una vez que pasaba el ordeño, tiraban todo el sustrato afuera de la lechería, encontramos que los sitios donde había mayor cantidad de moscas era donde había barredera; los mismos lecheros eran corresponsables”, afirmó

La científica además describió un experimento realizado en el que las moscas fueron expuestas a diferentes olores y “siempre se encontró que la barredera era el aroma más atractivo para la mosca. Se les demostró a los mismos lecheros, que eran los principales responsables por el manejo de sus residuos”.

Lamentó el hecho de que, únicamente cuando ocurre una crisis por el incremento de la población de la mosca, se ponen en funcionamiento las correctas prácticas para el manejo de residuos, pero al bajar la población “se descuidan y otra vez suben las poblaciones y de nuevo la gente se queja; la culpa viene de los dos lados, tanto del sector lechero como del piñero”.

Blanco citó el ejemplo de la finca La Lidia, en Pital de San Carlos, “tienen una piñera gigantesca y al frente una finca lechera modelo y no tienen problemas de mosca, porque manejan muy bien los residuos”. Insistió en que en otros sitios no manejan bien los residuos, tanto de piña como los lecheros, y entonces hay un desastre. «Es una culpa compartida”.

Fuente: Semanario Universidad